Pese a que los escenarios que nos esperan a la salida de la crisis del COVID-19 son distintos a las proyecciones que se habían realizado hasta la fecha, tanto en el corto como en el largo plazo, los viajes corporativos van a seguir adelante, porque son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de los negocios, y porque son consustanciales a la propia naturaleza de las empresas.

A fecha de hoy resulta todavía muy difícil de predecir con exactitud cuál va a ser la evolución del sector en volumen de negocio. Las proyecciones previas a la crisis sanitaria no nos sirven, porque no habían tenido en cuenta la pandemia; por otro lado, la falta de un escenario preciso acerca de los calendarios para levantamiento de restricciones y limitaciones a los viajes en los distintos mercados, entre otros elementos, tampoco ayudan a que podamos avanzar una primera estimación.

Sin perjuicio de lo anterior, hay algunas cosas que sí sabemos, y que pueden ayudarnos a entender mejor el panorama post COVID-19, bajo el prisma de los viajes de empresa:

1. Los viajes de negocio tienen un carácter anti-cíclico por naturaleza, han sido parte de la solución a escenarios de crisis o desaceleración. Así ha sido en 2008, como en tantas otras ocasiones.

2.  La pandemia no ha golpeado a todos por igual.

La visión subjetiva de los escenarios, es decir, una mirada exclusivamente sectorial de lo que está sucediendo, puede impedir a menudo que seamos capaces de ver el todo; no solamente lo que va a suceder en el largo plazo en nuestro propio sector, sino lo que sucede en otros sectores de la actividad.

Esta mirada más profunda y menos subjetiva debería hacernos ver, entre otras cosas, que el grado de afectación de esta terrible crisis está siendo muy desigual en los distintos sectores de la actividad económica. No todos los sectores de negocio están sufriendo por igual el impacto de la pandemia.  Así, disponemos de estudios recientes que lo acreditan y que se han aventurado a hacer proyecciones acerca de los calendarios de recuperación de las distintas áreas de actividad; la mayor parte de ellas presenta patrones de recuperación rápidos a partir del momento en el que se produzca el levantamiento del estado de alarma y se empiece a volver a una cierta normalidad.

Es cierto que buena parte de estas proyecciones dependerán de la adecuada gestión de la crisis por parte de las Administraciones Públicas, cuyo primer principal objetivo, por detrás de la superación de la crisis sanitaria, debe ser el mantenimiento del tejido empresarial existente (también el del sector de los viajes) y con ello de los puestos de trabajo.

Es cierto también que la lectura que debemos hacer para los viajes de negocio es completamente distinta, porque depende fundamentalmente de la capacidad de desplazarse a los diferentes mercados mundiales, que la apertura de los mismos se producirá de modo gradual y que puede verse limitada todavía muchos meses. Pese a ello, es importante recordar que la mayoría de los sectores a los que da servicio el viaje de negocios, podrá recuperarse con bastante rapidez, y que ello supone que a priori tendrá capacidad (y necesidad) para volver a viajar. Conviene no perderlo de vista.

Y más importante todavía, conviene estar preparados adecuadamente para cuando llegue este momento. Para entonces algunas cosas habrán empezado a cambiar, como ya advertía en  COVID-19, Primer análisis sobre el impacto en los viajes de negocio.

La mirada subjetiva es como el ángulo muerto, que no nos deja contemplar todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor. Completemos nuestra mirada subjetiva con una mirada más amplia; no nos olvidemos de que los viajes, pese a todo, van a seguir siendo necesarios y que es importante estar ahí cuando llegue la hora, porque nuestros clientes van a seguir necesitándonos, quizás incluso más que hasta la fecha.

Marcel Forns (c) GEBTA 2020

 

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